martes, 9 de noviembre de 2010

¡HAS SIDO ELEGIDO!

En múltiples ocasiones he escuchado que uno no elige a su familia,  y sinceramente acepté esta frase como mía por mucho tiempo;  más aún, en momentos en que quería salir corriendo de casa, cuando más problemas tenía con mis padres. Pero ahora, puedo decirte convencida, que en efecto uno no elige a la familia donde nacerá, pero Dios te elige a ti para nacer en esa familia. Si alguna vez te has preguntado ¿qué viniste a hacer a este mundo? yo te diría, voltea a ver a tu familia y allí encontrarás la respuesta. Esto lo aprendí de Doña Juanita, una señora de edad avanzada, la cual me enseñó a amar a mi familia a pesar de todos los malos momentos que pudiéramos vivir juntos. Creo no existen familias funcionales en el estricto sentido de la palabra, es decir, todos, por más unidos que podamos ser como familia, tenemos nuestros problemas, quizá esté equivocada, pero hasta el día de hoy no he conocido a una familia perfecta. De hecho, mi familia no es la excepción. 

Hace ya muchos años, visité la casa de Doña Juanita, una señora de edad avanzada y que atravesaba una situación realmente desesperante. Tenía dos hijos, de más de veinte años de edad. Uno de ellos presentaba retraso mental, podía valerse por sí mismo, pero no podía desempeñar ningún trabajo ya que su comportamiento era el de un niño de escasos seis años. El otro de los hijos, atravesaba una situación peor aún, nació con una malformación congénita que lo mantenía recluido a una cuna; sí, a pesar de su edad, su cuerpo no se desarrolló, sólo su cabeza era de tamaño normal, y además de esto también presentaba retraso mental. No sé hasta dónde él estaba consciente de su situación, pero en el fondo sentí que el sufrimiento era su eterno compañero. La terrible situación de Doña Juanita no terminaba allí, semanas antes de ir a visitarla, su esposo, Don Joaquín, quien toda la vida había sido el sostén de esa familia trabajando como carpintero, sufrió un derrame cerebral que lo mantenía postrado a una cama sin poder moverse. Todos ellos vivían en una casa construida de pedazos de cartón y madera, el techo de lámina, ya todo agujerado, apenas podía detener la lluvia que arreciaba durante minutos afuera. Para poder subsistir, Doña Juanita lavaba y planchaba ropa ajena en su propia casa para poder atender a sus hijos y a su esposo. Obviamente, su mínimo ingreso no alcanzaba para tan múltiples necesidades de salud y alimentación que tenían. ¡Prácticamente estaba ella sola luchando contra el mundo entero!

Cuando llegué a la casa de esta maravillosa mujer y me encontré con todo este panorama, no tuve más que un sólo pensamiento presente durante toda mi estancia en ese lugar "¡esto no es vida!". Me era difícil concebir que una persona despertara por las mañanas, abriera sus ojos y encontrara ese panorama a su alrededor. "¡Esto no es vida!", me repetía una y otra vez, mientras escuchaba el llanto de Don Joaquín desde su cama, y los balbuceos de ambos hijos de Doña Juanita, pidiéndole atención en todo momento. Después de grabar unas tomas para el reportaje, me senté para hacer la entrevista de rigor. Mi primer pregunta fue directa y prácticamente fue la única que hice, ¡cuántas cosas comprendí en ese momento! "Doña Juanita", pregunté con el único pensamiento que habitaba en mi mente, "¿qué difícil vida es la que lleva usted, no  cree?", se me quedó viendo e intimidada por el micrófono, con voz entrecortada, me dio una gran lección de vida, "ha sido difícil desde que mi esposo cayó en cama, pero le doy gracias a Dios que todavía me dé la fuerza suficiente para luchar y cuidar de mis enfermitos. ¿Se puede usted imaginar si Dios no me hubiera regalado estos hijos y este esposo? Ellos hubieran nacido, porque era el plan de Dios, pero gracias a Dios nacieron de mí, quizá si hubieran nacido en otra familia no los hubieran atendido como yo lo hago, y si mi esposo tuviera otra esposa, quizá no lo estuviera cuidando de la misma manera, sí es difícil mi vida, pero doy gracias por ella, porque ellos son mis motores, son mi motivación", en ese momento ese pensamiento que tanto taladró durante toda la mañana mi mente, desapareció, me quedé callada y ya no pude continuar con la entrevista. Pensé que era más que suficiente las palabras que me había regalado, y más que palabras, la lección de vida que acababa de recibir.

¿Cuántas veces ha cruzado por tu mente huir de tu casa por problemas que atraviesas junto a tu familia? ¿Alguna  vez, después de un problema familiar, lo primero que piensas es, ¡bueno!, al cabo yo no elegí a esta familia? Doña Juanita me enseñó que si los problemas existen en la familia, yo fui enviada a ella para ayudar de alguna u otra forma, no para renegar ni huir de ellos. Hoy, a pesar de los sinsabores que he vivido en mi familia, doy gracias a ellos, porque a lo largo de mi vida son los que me han permitido servir a mi familia dentro de mis posibilidades, y lo mejor aún, me han hecho ser la persona que soy hoy en día. Espero que así como a mí, Doña Juanita, te haya transmitido el significado del amor incondicional a la familia.


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