Ya está próxima la Navidad y se me vienen a la mente tantas historias de vida que me dejaron múltiples enseñanzas y sobre todo, que me mostraron el verdadero valor del Nacimiento del Dios. Me queda claro que cuando en ocasiones se tienen carencias de pequeño y Dios nos da la oportunidad de aspirar a una mejor vida de adultos, quisiéramos que nuestras familias o hijos, no pasaran por lo mismo que nosotros. Y creo que es válido; sin embargo, creo que también es responsabilidad nuestra transmitirles que en la vida nunca se sabe qué puede pasar y que las cosas materiales son sólo eso, cosas materiales, que hay cosas más valiosas que el dinero no compra. Ya sé, es una frase "trillada", usada para spots televisivos y quizá la que más se repite en forma automática como para excusarnos cuando no nos alcanza al comprar regalos, pero si le diéramos el valor a esta frase tan utilizada, el sentido de la Navidad cobraría otro significado.
Hace unos años atrás conocí a un pequeñito, Betito, era su nombre, realmente la mitad de su corta vida la había pasado de hospital en hospital, si mal no recuerdo tenía 5 años. En el trabajo que desempeñé durante mucho tiempo, aprendí que existen varios tipos de leucemia y la de este angelito, lamentablemente, era de las más agresivas que existían. Betito asistió al programa de televisión en vivo, su mamá sería entrevistada y era una buena oportunidad para conocer a ese valiente guerrero que había estado luchando contra un enemigo casi invencible. La trabajadora social que llevaba su caso, con anticipación ya que se acercaba la Navidad, le había preguntado a Betito cuál era uno de sus sueños y él comentó que conocer al "Lobo Lobito". Para quienes no saben quién es, este singular personaje aparece en un programa de televisión infantil que se transmite, a la fecha, en el mismo canal de televisión donde se transmite el programa en donde participé por tantos años. Gracias a que conocíamos al "Lobo Lobito" lo invitamos a él y a Marina, una gran amiga, quien conduce este programa de televisión para niños. Nos pareció una excelente idea que fuera una sorpresa para Betito, así que no le comentamos nada. Llegado el día, en pleno programa de televisión, me di cuenta que su lucha contra esta terrible enfermedad lo estaba dejando muy desgastado. Su carita lucía triste, y su mamá nos comentaba que ya no quería ir al hospital a aplicarse quimioterapias, prácticamente estaba retirándose de esa batalla. La misma pregunta que le hizo la trabajadora social en su momento, yo se la hice a Betito al aire, "¿cuál es tu mayor sueño Betito? ¿a quién te gustaría conocer?", y sin titubear un sólo instante, gritó sonriente: "¡al Lobo Lobito!, es que lo quiero mucho", me contestó. De inmediato le dijimos que volteara a donde estaban las cámaras y en eso apareció su personaje favorito. Nunca, en verdad, nunca he olvidado esa carita. Sus ojos se abrieron grandes, empezaron a brillar intensamente, su boca se abrió igual de grande y le conocí una sonrisa que no había mostrado hasta ese momento, conteniendo la respiración, como si el tiempo se detuviera, volteó a ver a su mamá y gritó "¡es el Lobo Lobito, mamá!". Piensen a quién les gustaría conocer en persona, su más grande ídolo y cuando lo tuvieran enfrente de ustedes sin saber qué decir, yo creo que estarían experimentando lo mismo que Betito experimentó ese día.
A partir de entonces la vida de Betito, cambió. Marina y el "Lobo Lobito" le regalaron un muñeco igual que su personaje, el cual se convirtió en su compañero inseparable. Su mamá nos contó después, que a partir de ese momento, Betito asistía a sus quimioterapias, sin quejarse y contento, abrazado de su amigo el Lobito. Si iba por el apoyo a la institución el "Lobo Lobito" no podía faltar. En cada paso que daba el "Lobo Lobito" estaba también presente.
Llegó la época de Navidad y la institución organizó una gran posada para muchos de los casos que apoyamos. Ahora les confieso, que era la posada que yo más esperaba que me invitaran y a la que nunca falté. Salía de allí agradeciendo a todos esos ángeles por enseñarme a disfrutar de la vida, como lo hacían ellos. Personas con cáncer, cirugías de corazón, diferentes discapacidades, todas disfrutaban un día maravilloso bailando, cantando, y agradeciendo a Dios un día más de vida, porque como ellos decían, quizá sea la última fiesta a la que asistamos, así que hay que bailar, cantar y disfrutar. Allí vi por última vez, en vida, a Betito. Bailando y disfrutando como nunca junto a su inseparable amigo el "Lobo Lobito" y su familia.
La siguiente vez que lo vi, fue en su funeral. Pocas veces trataba de involucrarme tanto con una historia y no porque no me gustara, sino porque yo salía muy herida al enterarme que partían o que sus luchas habían terminado, me dolía en el alma saber que ya no estaban con nosotros, pero en el caso de Betito hice una excepción, no podía dejar de ir a despedirme de tan valiente guerrero que me había enseñado que sólo bastaba aferrarse a un afecto, no precisamente material, sino alguien en quien él creía y a quien él admiraba en su inocencia de niño, para seguir luchando incansablemente, pero lo mejor, luchando feliz. Esas fueron las palabras que me dijo su mamá ese día: "Betito se fue feliz, y siempre voy a estar agradecida, porque sus últimos meses fueron los más felices de su vida en todo este proceso, nunca lo había visto disfrutar cada instante de su vida, como lo hizo después de que el 'Lobo Lobito' estuvo junto a él".
Está próxima la Navidad, sé que quisiéramos llenar de regalos a nuestros seres más amados y demostrarles con ello cuánto los amamos. Pero aquí es donde quiero aplicar la frase con la que inicié esta historia de vida, el afecto que uno regale deja más huella en nuestros seres queridos, que lo material. En el caso de Betito, un personaje de la televisión se había convertido en su motivación, en su motor, en su alegría. Demos amor a quienes nos rodean, compartamos lo que tenemos y hagamos que la vida de muchas otras personas se iluminen al igual que la de Betito. Creo que esta época es un maravilloso momento para empezar a iluminar, con amor, y no materialmente, a quienes nos rodean.

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