sábado, 28 de febrero de 2015

MARÍA ROSA MÍSTICA

En mi lucha por ser mamá he pasado por muchas situaciones esperanzadoras, pero también otras muy desalentadoras. Han sido años y años de lucha, y es justo decir que aún no bajo la guardia. Estudios clínicos los que no se imaginan, siete inseminaciones, hormonas, inyecciones, cirugías, en fin todo lo médica y éticamente posible, tanto aquí en Houston como en Monterrey. En todo este proceso he tenido un aprendizaje grandísimo, ¡inmenso! diría yo, pero el más importante de todos, el de mi conversión. Sí, mi conversión, cuando se supone declaraba ser una persona cristiana y devota.

Siempre me jacté de que Dios y yo teníamos una relación estrecha, de esos amigos que siempre están contigo y te dicen las cosas como son, sin tapujos. De hecho en varias de mis "Historias de Vida" lo platico. Lamentablemente, dentro de todo este torbellino de emociones que se viven cuando entras en procesos como estos, empecé a perder a ese amigo, en algún momento lo dejé de lado, lo olvidé.

Inmersa en mi deseo (no sé si obsesión), siempre en mis oraciones pedía  a Dios me diera un hijo, creo que ese fue el problema, decirle a Dios lo que tenía que hacer. Y en ese pedir y en las respuestas obtenidas, mi enojo, frustración, desilusión empezaron a ganarme. Ya mis oraciones eran de reclamo y señalamiento. Veía noticias de gente que abandonaba bebés, en las calles veía cómo padres maltrataban a sus hijos, escuchaba casos de mujeres que abortaron, y una y otra vez se lo eché en cara a Dios. ¡Cómo era posible que a ese tipo de gente les diera la bendición de ser padres y a mí que por tanto tiempo se lo había pedido me lo negaba! No dejé de creer en Dios, pero sí en su promesa. Fuerte, pero cierto. Dejé de orar. Lo que yo no sabía es que María, Madre de Dios, estaba muy atenta a mi sentir y decidió visitarme cuando menos la esperaba.

Meses atrás, antes de ir a Monterrey a seguir con mis tratamientos mi esposo recibió un mensaje de alguien a quien teníamos mucho de no ver, el mensaje decía "Víctor, María me dijo que le llevaras un ramo de rosas rojas a su advocación de la Virgen de Guadalupe, busca una iglesia cerca de ustedes y llévaselas". Así de sencillo, así de simple, pero a la vez así de incomprensible. Lo hicimos. He de confesar que nunca entendí por qué teníamos que hacerlo.  

Pasaron meses después de ese mensaje. Estando en Monterrey en espera de mis siguientes estudios e inseminaciones, mi mamá me invitó a rezar el rosario a María Rosa Mística como lo hace toda la semana junto con sus vecinas. Jamás olvidaré su cara cuando le dije "reza tú por mí, porque yo ya me cansé, a mi ni Dios ni la Virgen me escuchan ¡ah! y de una vez reza por la salvación de mi alma porque sin duda ya me condené por hablar así", como siempre mamá prudente, cerró la puerta de mi cuarto y se fue sin decir nada. Todas las semanas era la misma invitación y la misma respuesta. Un buen día, estando en casa de mis papás, escuché que le gritaban a mi mamá afuera de la casa, supuse era alguien que quería vender algo. A los diez minutos entra mi mamá al cuarto y me dijo "mañana te levantas temprano porque la Virgen viene a visitarnos y quiere que le recemos", pensé que le tocaba a ella rezar el rosario como cada semana a María Rosa Mística. "Pues bueno, ya me tocaba, lo rezaré con ella", fue lo que pensé. Quien le gritaba afuera era una señora que jamás había visto mi mamá y le preguntó si queríamos recibir en la casa a María y tenerla con nosotros una semana para rezar el rosario junto a ella. Temprano, de mañana, llegaron unas señoras en procesión cargando a la Virgen de Guadalupe, mamá ya había preparado el altar para recibirla. Me sorprendí mucho cuando la vi. Lo primero que vino a mi mente fue aquel mensaje que recibí meses atrás para llevarle rosas rojas a la Virgen de Guadalupe, mi piel se erizó y en mi mente sólo escuchaba "te busqué por mucho tiempo y al fin te encontré". Yo era de las personas que no rezaba el rosario, sólo lo hacía en ocasiones. Durante meses, quizá años, le cerré las puertas de mi corazón, así que decidió tocar las puertas de mi casa para entrar en ella y ya jamás salir. Muy sorprendida, le pregunté a la señora que había llevado a la virgen cómo había elegido la casa de mi mamá. Ella sonrió y señalando a María me dijo "yo no elijo las casas, es ella quien lo hace". Mis lágrimas empezaron a rodar y es a partir de ese momento que me uní a los rosarios todas las mañanas en las diferentes casas. Entonces también, conocí a María Rosa Mística, ya que una vez a la semana se ofrecía el rosario en honor a ella.

Me tocó ver muchas manifestaciones durante este tiempo. Testimonios de las mismas señoras, vi cómo al finalizar los rosarios había escarchas en todos lados. Fue algo sorprendente, milagroso. Pasaron los meses, las siguientes inseminaciones y nada. Mis miedos me ganaban y siempre le cuestioné a María y a Dios por qué no me escuchaban, la diferencia era que aún así, yo continuaba rezando. Cuando estaba a punto de realizarme la última inseminación, mi esposo recibió un mensaje nuevamente. Era la misma persona que muchos meses atrás le había pedido que le llevara rosas a la Virgen de Guadalupe. Nos encontrábamos en Monterrey y a nadie le comentamos porque realmente sólo fuimos a mi procedimiento. Esa amiga vive allá precisamente. Le decía en el mensaje que quería platicar con él. Víctor le marcó por teléfono y se pusieron de acuerdo para verse. Ese día yo me quedé dormida en casa de mi cuñado y sólo fue  mi esposo a verla, era un día antes de mi última inseminación. Cuando llega y me platica su encuentro no podía creer todo lo que escuché. Yo tenía demasiados años de no verla y no saber de ella. Le hablé por teléfono y me ganó el deseo de visitarla. Al abrir la puerta de su casa recuerdo aún lo primero que me dijo "Vero, no tengas miedo, Dios siempre ha escuchado tus oraciones", en ese momento no paré de llorar. Hicimos oración, sanación y me sentí lista para lo que viniera. Al siguiente día se llevó a cabo el procedimiento. Viví una manifestación hermosa de la Virgen, mi sábana y bata de hospital estaban escarchadas, igual mis brazos. En ese momento entendí que fuera cual fuera el resultado, María estaba conmigo en todo momento y no me soltaba de su mano. Como madre entendía perfecto mi sentir, mis miedos, mis lágrimas, mi sufrimiento. Y es desde entonces, que yo no me suelto tampoco de su mano. Entre las escarchas plateadas, también había escarcha roja, que significia, sacrificio. Así que mi esposo y yo ofrecimos nuestro silencio en las redes sociales y ¡vaya que es un sacrificio! ya que me encanta estar en contacto con la gente que quiero. 

El resultado fue el mismo que los anteriores, pero mi sentir fue completamente diferente. Experimenté por primera vez mucha paz al saber que no había funcionado. Las seis inseminaciones anteriores habían sido sólo llanto, desilusión, enojo, frustración, cuestionamientos. María, estaba junto a mí, fortaleciéndome y llevándome nuevamente al camino de Dios. Ella fue quien me acercó poco a poco, despacito, a reconciliarme con su Amado Hijo. Sin duda hicimos las paces y desde entonces tampoco me separo de Él. Mi sacrificio lo continué y prácticamente el año pasado no utilicé las redes sociales, hasta que un buen día, platicando con quien me acercó a María y nuevamente a Dios, me dio un mensaje claro de parte de Él y de sus ángeles. Tu misión es la comunicación. Tienes que comunicar el mensaje de Dios y María a muchas personas. Me dijo que había abierto una página en Facebook que ella no podía administrar y quien lo hacía tampoco, así que me preguntó que si podía hacerlo y acepté. Y esa página era, asombrosamente, en honor a María Rosa Mística. Es increíble como Dios, sabiendo el sacrificio que estaba haciendo, me invitó a seguir publicando pero esta vez para proclamar su grandeza y cómo su Madre Amorosa, obra en todo momento y nos lleva hacia Él.

Han habido muchas manifestaciones, unas impresionantes y de no creerse, en nuestra casa y en nuestras vidas y ha sido desde que decidí abrir nuevamente las puertas de mi corazón a María y a Dios. Hemos recibido muchos mensajes y eso sin duda, sigue fortaleciendo nuestra FE y nuestra ESPERANZA.

He entendido que a Dios hay que dejarlo obrar, no podemos decirle qué hacer, porque Él sabe perfectamente lo que necesitamos. Todo es perfecto, aunque parezca imperfecto. Dios, siendo todo poderoso, no va a hacer algo mal hecho, mucho menos dejará que el maligno obre. Al contrario, todo lo que recibimos de Él es para bien nuestro, lo importante y lo que quiere es que aprendamos de ello.

Todos pasamos pruebas, siempre lo he dicho, el dolor es el dolor, no importa cuál prueba estés pasando, el dolor es el mismo para todos. Lo que sí me queda claro y lo aprendí en todo este proceso de conversión, es que en tanto más lejano estés de Dios, el dolor se tornará entonces intenso y parecerá eterno. Jamás te canses de orar, si estás contento, ora; si estás triste, ora; si estás desesperado, ora; en todo momento, ora. Estamos en plena cuaresma, tiempo de reflexión, perdón y conversión. No dejemos de orar, no nos apartemos de Dios, acerquémonos a María y permitamos que ella nos lleve de la mano a su Hijo. Toda oración es escuchada y contestada. Sólo que los tiempos de Dios definitivamente no son los nuestros.

La página en Facebook se llama Una Carta de Amor a María Rosa Mística y de la cual una servidora es el instrumento para llevar sus mensajes a quien necesite escucharlos.

Que este tiempo de reflexión, nos permita seguir viendo y experimentando las maravillas que Dios obra para bien nuestro. 

¡Así sea!

¡FELIZ VIDA!












lunes, 21 de julio de 2014

SOBREVIVIENDO


Hace poco más de dos años y medio justo cuando llegamos a vivir a nuestro nuevo hogar en Houston, me di a la tarea de acomodar todo lo que la mudanza trajo a nuestra casa en el menor tiempo posible ya que me moría de ganas por ver a mi familia. Habían pasado dos años exactos de no verlos en persona. Víctor, mi esposo, tenía que empezar su trabajo en la nueva empresa, por lo que no tenía vacaciones y yo sinceramente no iba a esperar a que pasara un año más estando tan cerca de tierras regias, así que quince días después de pisar tierras texanas emprendí mi "huída" a mi terruño querido. Exactamente no sabía el tiempo que estaría disfrutando de mis papás y mis hermanos, Víctor me dijo "quédate el tiempo que quieras", aunque sinceramente me dio a entender que dos semanas serían suficientes. En cuanto llegué a Monterrey me comuniqué con amigos entrañables y empecé a armar una agenda para poder convivir con todos. ¡Y fue increíble verlos! y ¡reencontrarme!, pero más increíble fue descubrir el camino que Dios tenía para mí, ya que es aquí cuando empieza una de las más grandes transformaciones que he vivido en toda mi vida.

Catorce años, la institución de asistencia en la que trabajé, fue mi segunda casa y allí también dejé grandes amigos que moría por ver. Mi segunda familia. En cuanto llegué y fui a la que fue mi oficina durante todo este tiempo me topé con la primer gran sorpresa. Mary, la que fue durante casi todo este tiempo mi secretaria, bueno más que eso, mi mano derecha y grandísima amiga, ¡no era la que yo había dejado poco más de 3 años atrás! ¡me la habían cambiado! Me dio un abrazo fortísimo que aún recuerdo pero en verdad no la reconocía. Su rostro, su semblante, su mirada, su piel, todo era diferente en ella. Había dejado una Mary estresada en un trabajo, con algo de sobrepreso, con acné en su rostro, con la preocupación de sacar a su familia adelante y me encontré a una mamá jovial, platicadora, con muchísimos kilos abajo, optimista, con piel radiante, pero sobre todo con un brillo en la mirada que nunca le conocí.  Como buena mujer, dispuesta a "echar el chal" mi primer reacción y pregunta fue, "¡Mary! ¡por favor! dime ¿qué te hiciste?" (Contar esto de Mary, porque definitivamente está entre mis contactos y quizá muchos de ustedes la conozcan, sé que no me traerá ningún problema porque ella fue la culpable de mi transformación, así como se transformó ella, así que no se preocupen si están pensando que se puede molestar). Se limitó a contestar "Nada, sólo asistí a un curso". Bueno pensé yo un curso de alimentación sana, un curso de meditación, un curso de cómo convivir con el estrés. "No, un curso de desarrollo personal", así que platicamos por un largo tiempo al respecto y nació en mí la inquietud de inscribirme. Al siguiente día me topo con otra gran amiga y su esposo y ¡me pasó lo mismo!¡eran otros! ¿Qué estaba pasando? Ellos habían tomado también ese curso, incluso se lo recomendaron a Mary. Allí definitivamente dije "¡tengo que tomarlo! ¡quiero verme y sentirme como ellos!" Así que una semana después ya estaba inscrita. Debo confesar que con un miedo terrible porque luego recibí mucha información respecto al curso y honestamente me dio mucho miedo entrar porque lo primero que harían allí sería confrontarme conmigo misma. A nadie nos gusta que nos digan nuestras verdades y yo sólo iba a divertirme y disfrutar no a sufrir ni llorar. 

Llegado el día entré y honestamente empecé a experimentar cosas que jamás me imaginé. Yo traía cargando muchas cosas en mi interior, la principal, haber tomado la decisión de irme a Estados Unidos, pero más que verlo como una decisión que yo tomé todo este tiempo lo estuve viendo como el gran favor que le hice a mi esposo, así que inconscientemente de todo lo que había pasado y de todo lo que seguía viviendo en el vecino país, siempre hice responsable a Víctor.

Era el segundo día apenas y toda una serie de emociones se movían como remolinos dentro de mí. Ese día recuerdo empecé con una gastritis espantosísima, quería devolver el estómago, sentía taquicardia, no soportaba estar allí, sólo que en mi interior me decía una y otra vez que si mis amigos lo habían terminado y yo misma vi su transformación, yo podía hacerlo también. La gastritis seguía sin parar y cada vez era más mi deseo de abandonar el salón. Durante el primer descanso salí corriendo al baño y me topé a una persona del staff le dije cómo me sentía y me dijo "¡excelente!" "¿cómo que excelente?, si me siento cada vez peor y quiero vomitar", le contesté muy molesta "ya está trabajando tu interior", me dijo al mismo tiempo que me daba una bolsa "si quieres vomitar, vomita aquí, pero sin salirte del salón". En ese momento pensé "me largo de aquí, le llamo a mi papá para que venga por mí y me voy". Sin embargo, mi orgullo me decía que no, que yo podía terminarlo. Así que decidí entrar y es aquí cuando empieza la transformación de la que hablaba.

En cuanto tomé asiento empezó una dinámica para adentrarnos en nuestro interior. Sinceramente yo no había tomado el micrófono ni había explicado a nadie por qué estaba allí. Solamente yo sabía por qué tomé la decisión de ingresar. Decidí concentrarme a pesar de que mi gastritis estaba intensificándose y mis ganas de vomitar también. Y de pronto, llegó ese momento, donde todo empezó a tomar sentido. Fue como si de pronto me cambiaran un "chip" y me pusieran otro completamente diferente. En mi mente sólo estaban imágenes de mi pasado, de cuando enfermé de epilepsia, de las veces que toda mi familia entraba en ansiedad tratando de ayudarme. Pero sobre todo, no podía borrar de mi mente a mi papá. De cómo luchó buscando médicos y médicos para dar con mi diagnóstico, de cómo nos tuvimos que ir a vivir a su casa, recién casada, porque no podía estar sola. De cómo se enojaba porque no encontraban solución a mi problema. De cómo me pedía perdón porque como médico él tampoco sabía qué hacer. Y entonces todo cobró sentido. Todas las piezas empezaron a embonar. La epilepsia yo me la había creado inconscientemente.

Durante muchos años detesté la forma en que mi papá me exigía sacar buenas calificaciones, detesté lo mucho que me esforzaba y él solamente se limitaba a decirme "es tu obligación". Detesté que nunca fuera lo suficientemente amoroso y decirme que me quería. Después de casada había encontrado la mejor forma de que me pusiera atención, si como papá no me iba a atender como yo quería, definitivamente como doctor lo iba a hacer. Y así sucedió, nunca lo vi tan preocupado por mí, como durante todo ese tiempo en que dieron con mi diagnóstico. 

La dinámica seguía en curso y yo no paraba de llorar, era impresionante, pero más impresionante aún fue que en ese momento la famosa gastritis, la taquicardia y las ganas de vomitar desaparecieron de forma inmediata. Fue realmente impresionante.

Cuando terminó el curso mis papás estaban esperándome afuera, yo me metí al carro y empecé a llorar nuevamente. En ese momento lo único que podía salir de mi boca era "perdóname papá", lo repetí como cien veces, sin exagerar. Le pedí perdón por haberlo manipulado de esa forma, por tratar de conseguir su atención dañándome a mí y dañando a los míos. Fue un momento bellísimo porque yo tampoco había visto llorar a mi papá de esa manera pidiendo perdón por las veces que no me puso atención. Ese día entendí que durante toda mi vida, cada achaque, cada enfermedad que experimentaba era mi forma de lograr la atención de mi papá doctor. Me di cuenta que lejos de vivir, me la había pasado sobreviviendo. 

Mi papá es un doctor muy experimentado y a la vez exigente, pero es increíble ver cómo hoy en día es un firme convencido de que toda enfermedad es producto de una emoción, de un pensamiento negativo, de algo que no externamos y nos guardamos en el interior y la única forma de hacerlo palpable es a través de la enfermedad. 

Ahora cada vez que me duele algo a mí o a Víctor le digo, antes de tomar el medicamento que vayas a tomar, revisa qué emoción o qué es aquello que te está causando ese dolor. Para ello, busco en el internet "enfermedades según Louise L. Hay", quien es de las principales precursoras de lo que se llama "Metamedicina", la mejor forma de curarse uno mismo.

Quiero aclarar que el compartir esta, mi historia de vida, no quiere decir que no crea en la medicina alópata. Crecí junto a un médico alópata, mi padre, y resulta imposible no acudir a él o a cualquier doctor cuando me siento mal, pero lo que sí quiero transmitir, es que entre tanto hagamos consciente que nuestra mente es poderosísima podemos evitar y controlar muchos de los padecimientos que a diario sufrimos, desde una simple gripe, hasta enfermedades más complicadas. Ahora que lo tengo consciente, créanme me enfermo cada vez menos, y el día que llego a enfermarme me enfoco en desbloquear aquello que emocionalmente me tiene así, el medicamento hará su efecto, pero puedo asegurarles que pasará muchísimo tiempo para que mi cuerpo vuelva a hablar por mí. Hace poco pasé por uno de los episodios más horribles de mi vida, pensé que moría ahogada porque justo me dio un ataque súbito de laberintitis en plena alberca, pude haber perdido el conocimiento y quien estaba junto a mí no sabía nadar. Bendito Dios, pude salir del agua, arrastrarme como pude porque no podía reincorporarme, hablar a mi esposo e ir al hospital y atenderme. Lo importante de esto, es que quienes sufren laberintitis saben que un padecimiento así dura incluso meses. Mientras era controlado este ataque en el hospital le dije a Víctor, por favor búscame en el internet por qué me dio esto, y sí en efecto, todo lo que me estuvo leyendo era exactamente lo que emocionalmente he estado experimentando. Gracias a Dios sólo bastaron 3 días para sentirme bien, claro tomando el medicamento adecuado, pero he trabajado todos los días en desbloquear mi emoción y el resultado ha sido maravilloso. Conozco personas que con este padecimiento duran semanas, meses, yo sólo estuve tres días luchando contra él. 

Te invito a que a partir de ahora, busques por todos los medios vivir plenamente, no sobrevivir, no soy una fanática que busca introducirte a la medicina de la nueva era, como es conocida la metamedicina, pero sí una amiga que te invita a buscar alternativas para ser cada vez más feliz y libre de cualquier emoción negativa que haga que tu cuerpo hable. Te recomiendo el libro que mi papá me prestó y también es muy agradable leer a Louise L. Hay, créeme, nuestra mente es poderosísima y nosotros mismos tenemos la capacidad de sanarnos y vivir en plenitud. Aquí te dejo la portada del libro que he estado leyendo. 

Te deseo una vida plena y llena de bendiciones.










jueves, 22 de mayo de 2014

VIAJANDO LIGERO

Después de mucho meditar y dejar de lado por un largo periodo de tiempo algo que me entusiasma realizar y es la escritura, he decidido reiniciar con mi blog y mis historias de vida. En ocasiones es necesario callar para poder expresar. Es obligatorio vaciarse, para volver a llenarse y es lo que he hecho todo este tiempo. Callar y vaciarme, para así hablar y llenarme nuevamente de todo lo vivido y aprendido en este viaje que es la vida. Soy una convencida de que todos y cada uno de nosotros tenemos muchas historias por contar, muchas experiencias y aprendizajes continuos y cotidianos por compartir, sólo es cuestión de poner atención, de saber descifrar cada mensaje que recibimos a través de personas, situaciones, frases, sonidos, visiones y es entonces, cuando todo cobra sentido, cuando toda pregunta que creemos sin respuesta es replicada, cuando la vida nuevamente toma su curso y encontramos el camino que creíamos perdido.

No ha sido un año fácil para una servidora, he vivenciado todo tipo de situaciones extremas, decisiones necesarias y decisivas tomadas con conciencia, he sido juzgada y criticada injustamente, he sufrido decepciones grandísimas de personas que creí amigas; pero a la par también he sido bendecida grandemente porque me he reencontrado conmigo, porque he recuperado a la persona que dejé perdida en algún lugar de este mundo, porque he descubierto que existen almas buenas y generosas en personas que ignoré por mucho tiempo, porque he recibido de quien menos esperaba, porque a pesar de todo lo vivido, la vida sigue siendo como la dejé: bella, intensa, divertida, generosa, desafiante, justa e injusta a la vez. Hace unos días platicando con grandes y queridos amigos, llegábamos a esta conclusión precisamente ¿y qué es la vida sino un contraste de emociones? ¿quién no ha sido inmensamente feliz y de pronto, en instantes, un suceso lo hace inmensamente infeliz? ¡Bienvenidos a la vida! Sé que es difícil para quienes se deprimen pensando que su vida está llena de problemas, cambiar de posición y entonces agradecer, sonreír y pensar que su vida está llena de enseñanzas. Difícil pero no imposible. Y eso es precisamente lo que en todo este tiempo que he callado he aprendido: a entender pero sobre todo a hacer consciente, que esta vida estará siempre llena de contrastes, de matices, de tonalidades, de incongruencias que hagan cada vez más pesado el deambular por ella y que la única forma de poder seguir caminando con paso liviano que permita al tiempo continuar disfrutando, es llevando consigo un equipaje cada vez más ligero. Deshacernos de todo aquello que ancla y no permite avanzar.

Hace tiempo sentada en una estación de autobús esperando mi transporte junto a mi madre miraba seis maletas frente a mí al tiempo que le decía "mira mamá, allí está mi vida resumida en sólo seis maletas", mi mamá mirándolas sólo sonrió y me dijo "mijita, ¡vas de gane!", la escuché con asombro y sin entender, "el día que Dios te llame a su presencia, ni siquiera esas seis maletas te podrás llevar, es mucho lo que tienes". El silencio no se hizo esperar y seguido de ello empecé a llorar y a agradecer a Dios lo generoso que ha sido conmigo al obsequiarme mucho más de lo que pensé merecer.

Veo todo el tiempo personas atesorando cosas materiales, comprando sin sentido como si el mundo fuera a terminar, llenando vacíos, así como también apilando todo tipo de sentimientos que hacen pesado un camino que debiera ser fácil de recorrer para cualquiera.

En este viaje de la vida no podemos cargar tanta maleta llena de resentimientos, rencores, pensamientos negativos, miedos, envidias. Tenemos que aprender a viajar ligeros de equipaje, porque al final del camino lo único que nos llevaremos a nuestro destino final será una maleta llamada alma y de nosotros dependerá qué tan pesada queramos que sea.

Con esta historia reinicio un camino que dejé momentáneamente y que ahora decido transitar nuevamente acompañada de quienes gusten vivir junto a una servidora todos estos relatos que conforman mi maleta llamada alma, mi maleta llamada vida.

Les comparto esta canción que me hizo gran sentido cuando la escuché y habla de lo contrastante pero a la vez de lo hermosa que es la vida. Espero les guste tanto como a mí.

BENDICIONES Y FELIZ VIDA.










viernes, 3 de febrero de 2012

HASHTAG #TOLERANCIA

Hace tres años tomé una de las decisiones más importantes en mi vida, mudarme a otro país para cumplir el sueño de mi esposo. Nunca imaginé todo lo que viviría en el extranjero y ¡la manera en que lo viviría!, creo que fue lo mejor, porque de haberlo hecho, nunca hubiéramos dado ese paso. En todo este tiempo aprendí a ver desde diferentes perspectivas el mundo... mi mundo. En una ocasión, una maravillosa persona a la que quiero mucho, que prácticamente se convirtió en nuestra madre adoptiva en Estados Unidos, me dijo que estaba viviendo el desierto más largo pero gratificante de mi vida, y créanme que así lo he tomado, así lo he experimentado. En la lejanía, en el silencio, en donde sólo escuchas el viento,  no queda más que hacer un viaje a tu interior y reacomodar o desacomodar muchas cosas que traes cargando. Pero también te ayuda a ver realidades que en el cotidiano ir y venir de la vida, entre el trabajo, el tráfico, la inseguridad,  la paranoia, no aprendes a distinguir. Es como ir avanzando en el centro de un tumulto sin fin, ciego, sin saber qué rumbo llevas, todos caminan hacia el mismo lugar y la inercia te lleva, te empuja, sin darte cuenta.

Es cierto que el vivir en otra cultura te hace ver la realidad de la tuya y muchas veces, esa realidad, no es exactamente lo que quisieras, aunque por años viviste en ella y la compartiste. En mi caso, puedo asegurar que sigo amando a mi país, a mi tierra, a mi gente, a pesar de las comparaciones inevitables que uno hace; y quizá por ese amor tan grande me preocupo demasiado.  En la distancia las noticias llegan diferentes, la inseguridad que empezó a azotar a mi querido Monterrey, se magnificaba aún más, de lo ya de por sí alarmante que es. Mi conexión con el mundo, con mi mundo, definitivamente, ha sido la tecnología ¡Nunca me cansaré de agradecer esta maravillosa tecnología! y es a través de ella que he podido durante todo este tiempo sentir cercano a mí ese mundo que dejé. Sé que no puedo generalizar, sé que es imposible tomar como referencia sólo lo que uno lee en internet, pero al menos me da una idea de cómo es que se piensa hoy en día, ya que la libre expresión es la bandera con que uno escribe en los diferentes foros de expresión en el mundo cibernético, es el pensamiento y sentimiento sin censura, hecho palabra.

Esta historia de vida, en realidad, me sucedió a mí, cuando la comparto las carcajadas de inmediato se dejan sentir, incluso yo me río de lo sucedido, pero si lo llevamos a la reflexión, es una triste realidad que se vive hoy en día y segura estoy, no sólo en México, sino en el mundo entero.

Previo a los festejos del Bicentenario en México, a través de las noticias,  me enteraba de los grandes festejos que se avecinaban, un gran desfile, múltiples conciertos, una fiesta multicolor. Navegando por Twitter, una de las redes sociales que más me apasionan, empecé a darme cuenta de un hashtag que se hizo popular durante un buen tiempo y era contra un cantante y compositor mexicano, Aleks Syntek, al cual yo también sigo en esta red social. Todos los que se unían a este "trending topic" coincidían en algo, atacar a quien se le encomendó la tarea de componer una canción para tan gran festejo, toda una "campaña" en contra de una canción y de una persona. Me "ganché", definitivamente, creo que en ocasiones el no tener mucho qué hacer, te lleva a realizar cosas sin sentido. Me busqué la tarea de encontrar tan famosa canción que a una gran mayoría del pueblo mexicano tenía encolerizado. Obviamente la encontré en YouTube, la escuché y en verdad, nunca entendí por qué tanto odio hacia una persona. La palabra es odio, porque sólo leía mensajes negativos en contra de él, incluso deseándole la muerte, que por culpa de personas como él, ¡el país estaba como estaba!; eran cientos y cientos de mensajes donde se plasmaba odio, rencor, coraje, frustración, todo sentimiento negativo que se venga a tu mente. Y yo, "metiendo mi cuchara" donde no me llaman. Entre un mar de mensajes tratando de acabar con alguien, aparece mi mensaje mediador y de incomprensión a tanta negatividad. A partir de ese momento, los ataques ya no fueron para Aleks Syntek, sino ¡para mí! ¡sí, para mí! empezaron a insultarme, a decirme que siguiera viviendo en mi mundo color de rosa y sí, también por personas como yo ¡el país estaba como estaba! No paré de reír por un buen rato, te dije que te reirías con esta historia de vida. Al terminar mi día y con mi inherente sentido de reflexión a todo, no paraba de pensar en lo sucedido y sólo podía visualizar una nube negra encima de mi país. Me dio tristeza pensar que realmente toda esa inseguridad que se empezó a intensificar cuando yo ya estaba viviendo fuera de él, estaba convirtiendo a una sociedad completa en insensible, buscando culpables por todos lados, según muchos, con mi mensaje mediador, ¡yo también era culpable!

Ahora que regreso y veo el trato indiferente, incluso, de fastidio, de muchas personas cuando llegas a solicitar un servicio, recuerdo ese momento en que también fui atacada por internet. Personas manejando de una manera temeraria, arrojándose prácticamente encima de uno, gritándose maldiciones de un carro a otro, gestos de enojo por doquier, definitivamente, sí, es mi país, pero muy lastimado, "aporreado", cansado. Veo movimientos pidiendo a gritos cambiar de gobernantes, escucho personas quejándose de la vialidad en la ciudad, del calor, del frío, leo y me sorprendo cómo personas llegan al insulto porque perdieron los Tigres y ganaron los Rayados. Vaya, creo que hemos olvidado el significado de tolerancia.

El cambio no está en los demás, el cambio está en uno mismo. Quizá te suene a "cliché" pero soy una convencida de que en tanto tú cambies, tu mundo cambiará. Tan simple como si das amor, recibirás amor; si comprendes, serás comprendido; si perdonas, serás perdonado; si eres deshonesto, deshonesto serán contigo;  si hieres, serás herido. No puedo exigir un cambio, si no empiezo a cambiar yo mismo. Cómo pido justicia, si soy injusto al momento de  sólo señalar y no aceptar mi responsabilidad en todo lo que está sucediendo.

Hoy la invitación es a ser tolerantes y trabajar en un cambio, pero desde el interior de uno mismo; te invito a crear en tu vida un hashtag llamado #Tolerancia. Hashtag, según Wikipedia, es una cadena de caracteres formada por una o varias palabras concatenadas y precedidas por un signo de número (#) que representa el pensar de quien lo escribe, pues bien, empecemos por formar cadenas de palabras positivas y te aseguro, que en poco tiempo, siendo constantes, tu mundo: que es tu familia, tu trabajo, tus amigos, tu escuela; empezará por experimentar un cambio radical y tú empezarás a vivir en un ambiente sano, de respeto;  y sin darte cuenta, encontrarás un mundo totalmente diferente al que ahora percibes. Empieza a desentonar con el mundo, y segura estoy, que en un tiempo prudente, el mundo entonces empezará a entonar contigo.

¡Que tengas un excelente día!
Dios nos bendice.

viernes, 18 de noviembre de 2011

LA CIGARRA

¿Te habías preguntado alguna vez cómo nacen las cigarras? Sinceramente yo nunca, y mi encuentro con una de ellas, creo que definitivamente no fue casualidad, sino destino. Durante mi vida, mis padres me han enseñado a ser fuerte, a no dejarme vencer, a sobrellevar cualquier situación adversa y hasta ese día, entendí que también soy un ser humano, que siente y que tiene que darse la oportunidad de vivir sus duelos; de llorar, de decir lo que siente y de mostrarse frágil cuando lo es. Creo que siempre he querido dar la apariencia de un ser superdotado capaz de vencer al peor enemigo. He tenido fuertes pérdidas en los últimos tres años, pero creo que nunca me di la oportunidad de vivir mis duelos, en especial y creo que el más importante en mi vida, la pérdida de mi bebé. Entré a quirófano un martes y para el sábado, gracias a unos queridos amigos que buscaban hacerme sentir bien, lo cual agradezco infinitamente, prácticamente ya estaba fuera de casa en una cena. El lunes siguiente ya estaba en mis clases de inglés, siempre mostrando fortaleza en el exterior, aunque mi interior se sentía vacío, triste, solo, desorientado y completamente devastado. No me di el tiempo de entender lo que sucedió, sólo pensaba en que no me podía dejar llevar por la depresión y que tenía que estar fuera de casa para no darme la oportunidad de pensar en cualquier cosa que me lo recordara; y así lo hice, lamentablemente, sin medir las consecuencias posteriores.

Pasó el tiempo y sin darme cuenta, de pronto estaba en un abismo oscuro, lleno de sensaciones extrañas que no había experimentado antes, mi actitud cambió, mi forma de pensar cambió, mis hábitos todos, cambiaron.... yo cambié. Y llegó el momento en que me cansé de estar así, no existía motivación alguna en mi vida, lo que en un tiempo fueron sólo ilusiones y alegrías, de la noche a la mañana se convirtieron en pesadillas, llanto, soledad. Literalmente, me visualizaba como una persona forrada de una piel que no le correspondía, mi rostro era diferente, mi mirada era otra y sólo pensaba en la forma de cómo arrancarla de mí. Romperla para resurgir y ser la de antes. La soledad y el estar lejos de la familia, te hace pensar muchas cosas que parecieran locas. 

Así que el caminar por largos períodos de tiempo se convirtió en una terapia para mí. Algo de lo que siempre voy a estar agradecida, es que Dios, en esta ciudad, me permitió ser testigo de hermosos paisajes que nunca imaginé ver. Un día de tantos, caminando llegué a un árbol que amo, un sauce hermoso, creo que con muchos años de vida por esa majestuosidad con  que abría sus ramas y alababa al Creador,  me encantaba pararme debajo de él, cubrirme con sus hojas y empezar a experimentar una paz que nunca pensé, un simple árbol, pudiera regalarte. De pronto, viéndolo detenidamente, pensé en voz alta, "¡hice el descubrimiento de mi vida!", creo que si alguien me vio pensó que estaba loca; en el tronco de ese bello árbol estaba posado un insecto a primera vista, horrible, como petrificado... mi espíritu de aventurera me hizo acercarme a él y tomarle una foto con el celular, había hecho mi gran hazaña ya que me costó acercarme; sin embargo, al voltear mi vista hacia arriba, me di cuenta que había decenas y decenas del mismo tipo de insecto... todos en hilera, muertos y con un hoyo en su caparazón. De inmediato me retiré y lo primero que hice yendo rumbo a mi casa fue subir esa foto a mi Facebook, haciendo alusión a mi gran descubrimiento. La primer respuesta no se hizo esperar, una gran amiga, Lola, de inmediato me dijo que era una cigarra, ¡ouch! ¡me sentí la persona más ignorante del mundo!,  pero definitivamente me dio mucha curiosidad saber por qué estaban todas en la misma posición y muertas; así que llegando a mi casa, me metí al internet a averiguar y sí, descubrí la "forma misteriosa" en que nace una cigarra. Y es aquí cuando empiezo a sentir algo extraño, sentí que Dios estaba hablando conmigo. Cuando cuento esta historia veo todo tipo de rostros, desde aquél al que le parece ridículo lo que digo, hasta aquél que convencido coincide conmigo diciendo lo maravilloso y  grande que es Dios.

Las cigarras nacen como pequeñas larvas que se entierran durante casi un año en la tierra, justo debajo de las raíces de un árbol, para así alimentarse, y cuando llegue el momento, salen toda juntas en hilera, una detrás de otra, convertidas en una especie de escarabajo que se posa en el tronco; llegado el momento, ese escarabajo muere y cambia completamente de piel, de apariencia, se abre un hueco en la parte posterior y sale la cigarra que conocemos, con una nueva vida, para seguir caminando, subir hasta las hojas, perderse entre ellas y lo  mejor de todo,  para cantar.

En mi investigación ardua, me encontré con una canción que canta Mercedes Sosa llamada "Como la Cigarra", no dudé un instante en escucharla y en cuanto lo hice, sin esperarlo brotaron de mí lágrimas y más lágrimas, sin poder detener todo lo que estaba sintiendo. La escuché una y otra, y otra, y otra vez, era increíble la forma en que me describía, mi llanto era automático, pero era un llanto de alegría, en todo momento agradeciendo a Dios  lo que estaba escuchando, estaba segura que quien hablaba en ese momento era Él.

Aquella imagen mía, recurrente en mi mente, en la que quería arrancarme la piel que me cubría y que me hacía ser la persona que no quería seguir siendo, apareció nuevamente en mi mente, me sentí literalmente, una cigarra; sólo que me faltaba dar el último paso,  renacer a una nueva vida. Ya había estado enterrada suficiente tiempo, era el momento de salir de ese caparazón y despertar a una nueva vida, pero no sólo para vivirla, sino para caminar a través de ella cantando, alabando, dando gracias cada instante; y créanme que es lo que hago a partir de entonces. 

Este encuentro tan peculiar, definitivamente cambió mi estado de ánimo por completo, entré en un proceso para renacer y ser otra persona, y creo que sigo en él; el camino es en ocasiones difícil, pero siempre que me siento mal, pongo nuevamente esa canción, recuerdo con alegría aquel día y me doy fuerzas para seguir avanzando.

¡Siéntete cigarra! Si pasas por un momento difícil, creo que ya es tiempo de desenterrarte, empezar a recorrer nuevamente tu camino y a prepararte para cambiar de piel, te aseguro que después de tanto tiempo de oscuridad, podrás ver la luz, sólo es cuestión de que te decidas a hacerlo. 

Te dejo la canción que cambió el rumbo de mi camino. Pon atención a su letra. Que tengas un buen día. Dios nos bendice. 
























































miércoles, 13 de julio de 2011

AGÁRRALES LOS PIES

Hace un buen tiempo que no me reencontraba con la escritura, han pasado muchas cosas en mi vida y necesitaba encontrar una historia que en este momento, al recordarla, me hiciera vivir plenamente y de la misma forma en que lo hace la personita que me inspiró y, que al igual que para mí, también fuera inspiración para muchos de ustedes.

Independientemente de la religión que profesemos, esta historia de vida nos muestra el significado de fe en toda su extensión. Su nombre, Verónica. Y no, no soy yo, sino un angelito que conocí y que es vecina de mi Tía Rosa. 

Especial es porque nació con Síndrome Down, pero lo que la hace aún más especial es su determinación, la forma en que disfruta hacer lo que más le gusta, que es nadar, y su fe. Hace un buen tiempo que no sé de ella, pero siempre la recuerdo cuando mi ánimo está tambaleante o creo sentirme muy lejos de estar disfrutando lo que hago actualmente. Vero, es una niña down increíble, con un sentido del humor inigualable y una determinación apabullante. Solía visitar muy seguido la casa de mi tía. Estando yo allí, me tocó conocerla y darme cuenta de lo maravillosa que es. Gracias a que tiene una mamá que siempre la apoyó, Vero llegó a convertirse en una atleta completa, la natación se convirtió para ella en su motivación, su más grande reto y, sobre todo, en la más grande de las satisfacciones. 

Cada vez que tenía oportunidad nos presumía orgullosa una medalla más que ganaba representando a Nuevo León, creo aventurarme en decir esto, pero no sé si incluso participó en alguna Olimpiada Paralímpica. Llegaba contenta enseñándonos su gran hazaña y prometía ganar muchas más en la siguiente competencia. Claro está, siempre la felicitábamos y compartíamos con ella tan grande alegría.

Un día de esos, en que llegó a decirnos que había ganado nuevamente una medalla, mi tía no dudó un instante en preguntarle cómo es que le hacía para ganar siempre y ser tan grande atleta. Vero se quedó pensando unos segundos y de inmediato nos dio la respuesta más coherente que he escuchado en mi vida. Con voz fuerte dijo sin titubear, "¡muy fácil! simplemente me tiro a la alberca y cada vez que voy nadando rezo, Padre Nuestro... Ave María... agárrales los pies, Padre Nuestro... Ave María... agárrales los pies, y así es como gano". De inmediato se dejó escuchar nuestra carcajada a tan inocente respuesta; sin embargo, todos coincidimos en algo en ese momento, Vero nos acababa de dar una gran lección de fe.

Siempre me he considerado una persona que trata de profesar su religión y ponerla en práctica; sin embargo, en momentos difíciles de la vida, muchas veces, olvido que la oración es lo que más nos acerca a Dios, nos reconforta y nos anima a seguir; ¡vaya! para Él es su debilidad, mientras que para nosotros se convierte en nuestra fortaleza.  

Así de fácil, Vero nos enseñó que todo cuanto hagamos lo pongamos en manos de Dios, nosotros hagamos nuestro esfuerzo, pero el resto se lo dejemos a Él. Y es lo que trato de hacer día con día y a lo que te invitaría hicieras cada vez que sientas que tus fuerzas no son suficientes. Recuerda las palabras de Vero... "Padre Nuestro... Ave María... agárrales los pies" y de inmediato sentirás cómo avanzas, dejando atrás todo obstáculo que te impida obtener lo que deseas.

Dios nos bendice. 






lunes, 14 de marzo de 2011

MI AMIGO PEDRO

¿Te has preguntado alguna vez por qué existen ciertas personas que pasan por tu vida  sólo por instantes?

Quienes me conocen saben que me cuesta socializar de inicio cuando conozco a alguien, pudiera parecer ilógico y más cuando elegí estudiar una carrera como Comunicación, todavía más aún, cuando durante trece años estuve conduciendo un programa de televisión, pero en verdad, me cuesta mucho trabajo entablar una conversación de inmediato con alguien a quien acabo de conocer. De hecho, me gustaría ser mucho más extrovertida, es uno de los propósitos que me hago año con año. Sin embargo, cuando me desenvuelvo en un grupo de amigos y me siento en total confianza, dejo salir cada una de mis capacidades de socialización, dejo salir como dirían mis amigos, "mi otro yo"; creo que alguien me dijo en alguna ocasión que debería hacer comedia, ¡sólo imagínense hasta dónde llego! Ahora bien, siendo así y en un país como en el que ahora vivo, en donde conoces personas de todas partes del mundo  me cuesta aún mucho más. La clase de inglés es para mí la oportunidad de poner en práctica eso que tanto deseo, ser alguien mucho más sociable y qué mejor que en otro idioma.

No resulta tan difícil con personas que hablan tu mismo lenguaje, dominicanos, boricuas, ecuatorianos, peruanos, mexicanos, son las primeras personas que uno busca por instinto para sentirse acogido en un lugar tan lejano. Es así somo conocí a Pedro, mi historia de vida de este día. Mexicano al igual que yo.  El primer día que lo conocí, me pareció un muchacho sumamente inteligente. Ya llevaba en este país muchos años, viviendo en diferentes estados, hasta que llegó aquí a Pennsylvania y hablaba muy bien el inglés, de hecho no entendía qué estaba haciendo en la clase si se desenvolvía perfectamente, aunque después lo explicó, aprendió a hablarlo en las calles, pero no a escribirlo y por eso estaba estudiando. Desde ese momento atrapó mi atención, me pareció que definitivamente era una persona con muchos deseos de superación, ya que la mayoría de los latinos que llegan a este país como indocumentados muchas veces con tan sólo hablarlo les resulta más que suficiente, incluso he conocido personas que llevan muchos años y aún no lo hablan. 

Pedro siempre participaba en clase, era el típico estudiante que siempre levantaba la mano, hacía sus tareas, no faltaba a clases, era de los primeros en llegar, incluso tenía un gran sentido del humor, siempre nos hacía reír con sus ocurrencias. De extracción muy humilde, me platicó que su mamá y un hermano vivían en Nueva York, que tuvieron que dejar el Edo. de  México por buscar un mejor futuro es así que tuvieron que venir a radicar a este país y él años más tarde tuvo que venir a vivir a York, Pennsylvania ya que se había terminado el trabajo para él en la ciudad de los rascacielos, así que aquí encontró la oportunidad como cocinero en un restaurante. Recuerdo muy bien un día en que estaba empezando a nevar, hacía mucho frío y terminamos nuestra clase por la mañana a las 11 en punto, salimos corriendo porque pronosticaban una nevada fuerte, hasta ese entonces (y fueron meses después de haber conocido a Pedro) me di cuenta que su vehículo de transporte era una bicicleta. Al ver que se estaba poniendo sus guantes, un gorro y una bufanda lo único que me  pregunté era cómo iba a pedalear esa bicicleta con el frío que hacía, le ofrecí llevarlo a su trabajo pero agradeciendo el gesto mío, prefirió irse él solo, "no te preocupes, con el ejercicio que voy a hacer se me va a quitar el frío", me respondió. Durante toda la temporada de invierno fue lo mismo, ir y venir en su bicicleta aminoraba su frío y le permitía ir a sus clases de inglés por la mañana y a su trabajo por las tardes del cual salía hasta la madrugada.

Yo le platicaba a mi esposo cómo admiraba a Pedro y cómo me gustaría ser como él en cuanto a tenacidad y valentía. Recuerdo muy bien que durante una de nuestras clases la maestra nos preguntó cuál sería uno de nuestros mayores sueños y él contestó visitar México y a mi familia, "desde que llegué a este país no he regresado, ya se me olvidó cómo es", recuerdo muy bien su respuesta. Semanas después, muy contento llegó diciéndonos que su sueño se iba a realizar, "¡ya tengo el dinero para ir a México! ahora sí voy a poder ver a mi familia", su rostro denotaba una alegría indescriptible. Le pregunté cómo iba a regresar ya que no tenía sus papeles en regla y me dijo que era lo de menos, que si ya lo había hecho una vez, lo podía volver a hacer, lo único que le interesaba era ver al resto de su familia, ya que su mamá y su hermano seguían en Nueva York. Ese día nos despedimos y fue la última vez que lo vi. Dos semanas después recibimos la noticia de que Pedro, había fallecido. 

No podíamos creerlo, sentí una tristeza enorme y profunda, no podía creer que alguien tan joven y a quien esperábamos entusiasmados para que nos contara cómo disfrutó a su familia que tanto amaba, jamás regresaría. Lo mataron, simple  y sencillamente, unos policías afuera de su casa lo mataron. Él estaba con sus primos tomando unas cervezas y éstos "servidores públicos" llegaron y les pidieron dinero, al negarse empezaron a golpearlos y fueron tan duros esos golpes que acabaron con su vida. Una impotencia grandísima me invadió, las maestras en la clase estaban llorando al explicarnos lo sucedido y nos pidieron que escribiéramos en una tarjeta un mensaje para la mamá de Pedro. Es aquí cuando entendí que uno nunca, nunca debe callarse todo lo bueno que puedes decirle a alguien, a pesar de tener poco tiempo de conocerlo.

Me arrepentí tanto de no habérselo dicho a él, sólo a mi marido se lo decía, pero a él nunca le dije lo mucho que lo admiraba, lo valiente que era, lo tenaz, inteligente, buen hijo, trabajador, excelente estudiante que demostraba ser en cada clase. Me faltó espacio en esa tarjeta para dirigirme a su mamá y expresarle todo lo que sentía y sobre todo, decirle que había hecho el mejor de los trabajos como madre, aunque a la fecha no tengo la dicha de conocerla.

Su paso por mi vida fue rápida pero me dejó grandes enseñanzas. Pedro me enseñó primeramente a luchar por mis sueños, la condición social definitivamente no es un impedimento para ello como tantas personas lo creen; a amar a mi familia incondicionalmente, aún el tiempo y la distancia, así como los problemas con ellos; también me enseñó a poner mi 200% en cada cosa que realizo, como lo hacía él en las clases de inglés, una vez me dijo que no quería ser del montón; pero principalmente me enseñó a no poner como pretexto ni siquiera el clima o un medio de transporte para ir a donde quisiera ir, me enseñó a ser libre y disfrutar cada instante como si fuera el último. Su primo, quien estaba en el otro salón, nos dijo que las dos semanas que estuvo en México, cuenta su familia, fueron de las más felices de su vida. Regresó a su país y se quedó en él, justo donde dijo que quería estar. Con su partida nos dejó grandes enseñanzas que espero, a ti, que ahora que has conocido a mi amigo Pedro, te ayuden a seguir superándote y viviendo el día a día con la misma alegría que él lo hacía. 

Te invito a que a partir de ahora empieces a ver sólo lo positivo en todas aquellas personas que atraviesen por tu vida, somos muy buenos para ver lo negativo de los seres humanos; nunca nos ponemos a pensar que detrás, quizá de todo eso malo que vemos, hay toda una historia que nos impide ver lo bueno de la gente, nuestra tarea, ahora, es descubrirlo; pero más allá  de sólo verlo, te invito a que se lo digas, no te lo guardes, porque quizá cuando quieras hacerlo pudiera ser ya, demasiado tarde.

Pedro, nunca te lo dije en persona... pero siempre te admiré y te admiraré por siempre. Gracias, Pedro.